En este conjunto de las cuatro semanas de Adviento preparamos la venida de Jesucristo en tres tiempos, en los que se hace presente y vuelve operante su salvación: en el pasado, en el presente y en el futuro. El Señor se convierte así en “El Señor Viniente”.
El Señor está siempre viniendo, no cesa de venir. Su presencia liberadora domina la historia en toda su extensión.
El Adviento no es simple recuerdo de lo sucedido una vez. Transmite su riqueza de fe, amor y esperanza en el aquí y ahora en los que nos encontramos, procediendo del pasado y proyectándose hacia el futuro, que hay que esperar con fidelidad, vigilancia y responsabilidad.
El Adviento nos invita a activar nuestra memoria de
modo que agradecemos toda la fuerza salvadora del Señor que ya vino con él, que viene y que vendrá. Nos invita del mismo modo, a vivir el presente con absoluta fidelidad e intensidad y volver nuestra mirada a la vida eterna final.
modo que agradecemos toda la fuerza salvadora del Señor que ya vino con él, que viene y que vendrá. Nos invita del mismo modo, a vivir el presente con absoluta fidelidad e intensidad y volver nuestra mirada a la vida eterna final.Cristo Jesús quiere seguir viniendo a nuestra vida, porque aún no lo hemos acogido del todo, tampoco lo hemos escuchado en la forma debida. Todavía no ha penetrado en lo más profundo de nuestro existir y actuar. Quedan zonas de nuestro interior y comportamiento exteriores, que no han sido salvados por su persona, ya que ponemos resistencia a su presencia y desvalorizamos su actuación, tanto en la vida personal como comunitaria. Nuestra debilidad es grande. Necesitamos recibir en el Adviento la fortaleza que nos proporciona la presencia del que viene para nuestra salvación, el cual nos invita a la renovación y conversión de nuestro corazón y de nuestra vida.
Por eso celebramos este tiempo de Adviento, para que Jesús que ha venido siga viniendo a nuestra existencia, de modo que nos convirtamos en sus hermanos y amigos, en sus compañeros de camino y confidentes de sus secretos, los cuales, conocidos, hagan de nosotros personas nuevas transformadas en lo más íntimo.
El que va a venir a nosotros, el que vamos a contemplar nacido en la humildad de un pesebre en Belén, lo que parece más pequeño e insignificante es capaz de transformar nuestro corazón.
Lo que parece más insignificante en el mundo, se convierte en el signo más auténtico en el que Dios habla y viene a nosotros, no buscando la preponderancia sino la cercanía del amor, utilizando la debilidad. No se impone, más bien se entrega compartiendo con nosotros su propia humanidad.
Como María, contemplamos con asombro y con amor, en Adviento y Navidad, al que viene a salvarnos, al único Salvador del mundo y de los hombres.
Os deseo a todos los hermanos de nuestra hermandad una feliz Navidad, llena de bendiciones y de gracias al Señor.
José Gutiérrez Mora
Director Espiritual.


